martes, 5 de mayo de 2020

Micro Historias: El Charco - Primer Encuentro.

— ¡Rápido Lisa! — comenzó a decir su padre.
— ¡Ya voy padre! — la chica comenzó a caminar rápido. — te he dicho que caminar con vestidos y tacones es un desastre.
— Venga Lisa pero ya eres una jovencita — Escucho a su padre decir antes de que dejara el salón, la chica intentaba alcanzar a su padre, quien ahora corría en dirección a la salida.
La chica bufo y cruzó la esquina del gran salón, donde minutos antes había sido la reunión de su padre con algunos profesores del pueblo, bajo unos escalones y se encontré con la salida hacia el porche que gracias al cielo tenía un pequeño techo sobre ella.
— Quédate aquí ¿si? — le dijo su padre quien apoyado sobre la baranda comenzaba a bajar las escaleras del porche — Creo que el carruaje se ha demorado, iré a ver si se han equivocado de salón.
— Papá, espera aquí... Vendrán en algún momento — la chica se cruzó de brazos fastidiada, ya había tenido suficiente con aquella larga cena y charlas de ancianos como para correr bajo la lluvia.
Su padre frunció el ceño antes de contestar. — Es que la reunión de médicos es en aquel lugar — dijo señalando hacia alguna zona de la calle — estoy empezando a pensar que fueron primero por tu tio Charles que por nosotros.
— Bien, ve a donde el tío. Esperaré aquí.
Su padre dejo el porche en unos segundos y el guardia de la entrada le dedicó a la jovencita una sonrisa de comprensión, Lisa por su parte suspiro y camino en sentido contrario por aquel gran porche apoyándose de la baranda.
En la esquina se encontraba, con las manos en sus bolsillos, un chico rubio unos años mayor que ella — quizás tenga unos catorce o quince — pensó para sí misma. Aquel joven se veía muy ocupado viendo la lluvia caer, Lisa no quiso interrumpirlo y se dio media vuelta, el guardia de aquel lado la miraba aún con lastima, como quien deja un perro abandonado en la calle. — Idiota, mejor mírate a ti mismo de esa manera.
Lisa de mal humor bajo las escaleras para dirigirse a la calle, si él carruaje se había equivocado tomaría mucho en dar la vuelta, sería más fácil que ella se encontrar allí en el salón de médicos y así no tendría que soportar las miradas de lastima del guardia o de cualquier otro que dejara el salón a estas horas.
La chica llego a tierra y se cubrió su cabello castaño, o más bien se cubrió de las gran gotas de lluvia que caían del cielo.
— Camina por el borde. — le dijo una voz masculina. Lisa giró su cabeza y se encontró con el chico que miraba la lluvia. — el techo del porche sobresale, camina por el borde y no podrás mojarte.
— Ya lo sé. — le dijo la chica. Y la verdad era esa, lo había pensado para luego correr hacia la otra calle. — Gracias.
Lisa comenzó a caminar despacio debajo del angosto pedazo de techo que estaba sobre ella. Comenzó a verlo muy complicado, al final el ruedo de su vestido y sus tacones estaban todos sucios. — Me voy a mojar de todos modos, no tiene caso si continúo cubriéndome.  — dijo como si alguien necesitase saberlo.
Dejó de cubrirse y comenzó a caminar lentamente en dirección al salón de médicos del pueblo dejando tras ella el porche con el guardia, quien quizás la estaría viendo con más lastima que nunca, y al chico.
No había caminado mucho y ni siquiera estaba lo suficiente mojada cuando tropezó con una roca y el tacón de su zapatilla derecha se quebró, haciéndola caer en un pequeño charco de tierra originado por la lluvia.
— Demonios.  — dijo cuando ya se encontraba sentada sobre aquel pequeño charco. — buena manera de terminar el día.
— ¡ JA JA JA! — una gran carcajada vino acompañada de aplausos tras ella. Luego de unos segundos de risas, grandes y sonoras risas, le grito. — espera, iré por ti. — era la voz de chico.
Lisa avergonzada se puso de pie como pudo e intento no volver a tropezar cuando el tacón quebrado piso la tierra. — No necesito tu ayuda. — le dijo rápidamente.
— Ay que bárbaro. — decía el muchacho tras ella — ven deja te ayude. — la voz estaba mucho más cerca y una mano la rodeo por la cintura.
— ¡Suéltame! — Lisa se zafó del brazo del muchacho y este sonrió y la miro extrañado. — Luego de reírte como tonto vienes a ayudar. Ya vete.
— Me ha sorprendido tu caída. — el chico no se dio media vuelta, continuaba tras de Lisa mientras la castaña daba pequeños pasos hacia la otra calle. — y te has caído sentada, discúlpeme damisela pero me ha causado mucha risa.
— No vengas con esos sobrenombres tan viejos — Lisa lo miró de reojo y continuó caminando. — vete.
— Usted es la hija del profesor North— Lisa no se sorprendió, su padre era de los más reconocidos profesores de literatura del pueblo. — ¿con qué cara puedo verlo si dejo a su hija tirada bajo la lluvia?
— Con la misma cara con la que te reíste de ella. — el chico soltó una carcajada y Lisa aceleró el paso, divisó a su padre salir del salón junto a su Tío.
— Es que te he visto dentro y parecías tan determinará para tener la edad de presentación... — Lisa suspiro. Era normal que todos pensaran que ya había cumplido sus catorce, porque era una chica alta, pero no era así, apenas estaba cerca de cumplir los trece.  —... Me pareció increíble ver que la misma chica se cayó en un charco.  — y esto vino acompañado de risas.
— Te sorprenderías más si supieras que ni siquiera tengo los trece. — el chico río y ella lo miró fijamente. — ya puedes irte, mi padre está por allá. — le dijo señalando al frente. La gotas de lluvia cubrían toda su cara.
— No me he sorprendido tanto. — Admitió el chico dando algunos pasos para atrás. — Si tienes doce y hablas de esta manera... No puedo admirar más a tu padre, te ha de hacer leer miles de libros. — y con esto se dio la media vuelta.

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